MANIFIESTO

Nos encontramos ante la mayor crisis humanitaria desde la Segunda Guerra Mundial. Según cifras del ACNUR, a día de hoy, existen más de 65 millones de personas forzosamente desplazadas en el mundo. Por otro lado, las brechas de desigualdad así como los riesgos medioambientales son cada vez mayores, motivos que también generan importantes cifras de desplazamiento. Tristemente, la respuesta que se está dando desde la Unión Europea es la del cierre de fronteras, mirando hacia otro lado y evitando el encuentro con los más desfavorecidos sin buscar soluciones a largo plazo. Por desgracia, la Unión Europea parece estar olvidando sus valores inspiradores de respeto a la dignidad humana, libertad, solidaridad o garantía de los derechos humanos.

Ceuta es uno de los indignantes ejemplos del actual modelo de gestión de fronteras de la Unión Europea. Su valla de concertinas y lo que ocurre en torno a ella, ejemplifican la acogida proporcionada a todas las personas que salen de sus hogares en busca de una vida digna. Bruselas, desde el corazón de Europa, legitima y favorece estas políticas que son cada vez más restrictivas y menos acogedoras.

Nuestras fronteras se cierran cada día más, pero no solo las fronteras exteriores, sino también las interiores, ya que a menudo nos cuesta ponernos en el lugar del otro, superar prejuicios, acercarse y acogerle. Nos dejamos llevar por el miedo al diferente y es así como, sin ser conscientes, favorecemos que las fronteras estén cada vez más cerradas.

Loumkoua viene de Moutourwa, en Camerún y David de Burgos, en España. Loumkoua y David son un ejemplo de apertura y acercamiento al otro. Su amistad nos enseña que la acogida es posible y es precisamente esto lo que quieren mostrarnos en el mes de agosto. Los dos, cada uno a su manera, un día decidieron partir a la aventura y empezar un nuevo camino en el que finalmente se encontraron. Cada uno aportó al otro algo de si mismo y pese a todas las barreras que parecían separarles, empezaron una relación de amistad enseñándonos el valor de la hospitalidad. Loumkoua, a quien la valentía y grandeza de corazón le caracterizan, nos muestra que “la acogida es abrazar a un desconocido sin mirarle con pena, ponerse en el lugar del otro, es mirar al otro con igualdad tal y como miras a tus amigos, es abrir tu corazón al desconocido sin esperar nada a cambio”. David, con su generosidad y optimismo constantes, ha aprendido que acoger es “estar abierto, compartir, mirar a los ojos, querer y dejarse querer; no es dar, no es cuidar, no es facilitar, es algo más: acompañar”.

Con este proyecto Loumkoua, David y todas las personas que les apoyan por todo lo que han aprendido gracias a ellos, quieren:

  • Visibilizar que la acogida e integración es posible y que todos salimos ganando con ella. Son las sociedades más abiertas a la diversidad las que superan las barreras y miedo al otro y las que comprenden que con la hospitalidad todos nos enriquecemos.
  • Mostrar que la diferencia es una oportunidad y no una dificultad, ya que son más las cosas que nos unen que las que nos separan, tal y como muestran Loumkoua y David.
  • Romper fronteras interiores para así lograr que las exteriores sean más abiertas y conseguir una verdadera Europa de la Acogida, recordando sus valores inspiradores, que no esté centrada en vallas, restricciones o expulsiones.
  • Exigir que se respeten los derechos humanos de todas las personas que migran. Para ello resulta crucial que se faciliten vías legales y seguras de acceso a la Unión Europea para que todas las muertes a lo largo del trayecto migratorio cesen.

Todavía hay miles y miles de personas que están esperando a poder vivir una historia de amistad y acogida como la de Loumkoua y David, para ello la Unión Europea juega un papel esencial.

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